sábado, 27 de agosto de 2016

Valorar





Valorar a los políticos, es tan difícil como salir triunfante de una oposición de élite a la primera.

No lo digo por criticar a la 'casta', lo digo por la vergüenza que nos arrojan a nuestra cara.

Y lo peor de todo, es que no les duelen prendas.

No quiero hablar de política, pero es que últimamente son como esos azucarillos que te pones en el café y ves como poco a poco de disuelven en el pozo negro sin solución de hablar con ellos.

No hemos sabido asimilar lo que son las promesas políticas.

Vemos que una y otra vez sueltan de forma machacona las palabras justas para los intereses de los votantes.

Últimamente tengo charlas con gente del campo y me son muy útiles para contrastar esas ideologías que creíamos intachables y en algunos segundos me dan la solución para tachar en mi mente.

Les veo cómo trabajan duro la tierra, y digan lo que digan otras personas, son contundentes. Nos damos la mano, no como se dan la mano los políticos con otros políticos mirando a la prensa manipuladora, para luego hacer lo que les da  la gana. Me dan la mano que siento también contundente como sus pensamientos.

Me hablan de muchas cosas pero ponen un brillo especial en sus ojos cuando hablan de su tierra de su ganado de sus problemas.

Me indican entre otras cosas que lo que llamamos la clase política, es en realidad los 'conseguidores'.

Cuando les toca gobernar lo público solo se acuerdan de sus amigos.

"Oye, ahora que estás en el ayuntamiento  mira a ver si me consigues algo"

Y algunos (los amigos) consiguen algo que naturalmente no es de forma gratuita.

He pulsado más opiniones y algunos de una forma más abierta me vienen a decir lo mismo.

Concluyo con este tema, parece que todo es curestion de saber valorar.

jueves, 25 de agosto de 2016

Dicen




Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza en el mismo lugar dos veces.

Es posible, no lo dudo, pero lo que creo que ocurre es que la mayoría de las veces, no es que tropiece, que también, lo que ocurre es algo muy distinto.

Tenemos muy mala memoria, pero, seguramente, no es que sea mala, es que es muy selectiva y es cuando caemos, no tropezamos.

Nos entregamos a la trampa que todos nos apoyan con sus actitudes o modas.

¿Será que caemos en las modas?

¿Será que no nos preguntamos porqué hacemos una cosa y no otra?

Parece ser que tenemos una querencia irrefrenable que no es otra que volver a tropezar en la misma piedra de la insensatez del camino de la vida.

Dicen.

lunes, 22 de agosto de 2016

La luna entre nubes



No sabía si ese día tan especial iba a llover.

Decidió que lloviera o no, portaría su paraguas.

Pensó que ése artilugio era como un talismán donde refugiarse no sólo de la lluvia, también de las miradas de los demás.

Era el clásico paraguas grande de tela negra, no de esos transparentes, que no le gustaban nada.

Pero según iba por la calle, le estaban jugando una mala pasada las nubes pues no acababan de descargar  lágrimas del cielo.

Cuando cruzó la plaza del pueblo accionó el resorte del artilugio y se abrió como si fuera una gran estrella negra tapando sus pensamientos.

No quería que nadie supiera lo que estaba pensando, nadie.

Notó que la gente susurraban cosas que a él le parecían insultos, aunque en realidad eran conversaciones de otras personas que se cruzaban a su paso.

Estaba tan absorto en sus cuitas que no se dio cuenta que la noche se le había echado encima.

Entonces cerró la estrella negra y vió cómo le estaba mirando la luna entre nubes.