No somos adivinos. Por ese motivo y alguno más, siempre tenemos que suponer que si sucede algo concreto, tenemos que actuar y decidir tomando decisiones que, seguramente, ni nos habíamos planteado. De ahí viene, posiblemente, una cascada de errores y la consabida retahíla de 'si a mí me hubiera sucedido eso'... Siempre, por si acaso, supongamos.
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