jueves, 21 de agosto de 2014

Recordando un 15 de agosto


Tú sabes porqué lo digo, hoy es una fecha más y tú lo sabes muy bien.

En la vida hay momentos más o menos cruciales en donde quedan marcados para siempre ciertas señales que son muy difíciles de borrar.

Sí, incluso se pueden llegar a eliminar, pero a veces el tiempo no lo cura todo, aunque es posible que de tanto repetirlo en esta vida quede una huella, ésa sí, imborrable.

Otra fecha más que pasa inadvertida para muchas personas, pero tú sabes perfectamente que nosotros no la podemos olvidar.

Y no estoy hablando (en este caso escribiendo) de ninguno de los amores que hemos tenido, que han sido muchos, estamos hablando de un gran amor que tú y yo nos hemos profesado casi religiosamente.

Gracias por esos años (16) que me diste con tu cariño; todo, todo lo que un padre puede dar a su hijo.

Nunca podré olvidar con que ternura fuimos a la tienda de la librería de nuestro vecino y me dijiste: 'escoge la caja de acuarelas que te guste', y la verdad es que me puse muy nervioso ante la amabilidad del dueño de dicha librería y tú mirándome a los ojos como diciendo, tú te lo mereces todo.

Y así fue como una vez comprada dicha caja de acuarelas (que por cierto me acuerdo perfectamente que era metálica y de un color de café con leche claro, casi como las natillas que me tomaba algunas veces, y es que parece como si lo estuviera viendo ahora mismo; corrí a casa y la estrené haciendo mi primera acuarela desde el balcón donde se divisaba perfectamente la iglesia de San Millán y el barrio que da su nombre.

Estaba tan nervioso que años después, hice un dibujo de esa misma iglesia y barrio pero con un bolígrafo de tinta negra que pensaba colorear con aquella caja de acuarelas que aún conservaba, pero creo que fue intencionadamente; dejé ese dibujo en negro en homenaje a tí, mi querido padre.

Después de muchos años sigo pensando en aquella tarde que con tanto cariño recuerdo aquella caja que me regalaste de acuarelas.

En mi memoria, allá por el año 1958, recordando un 15 de agosto.

4 comentarios:

  1. Con el paso de los años, uno se da cuenta que la vida en sí trata de recuerdos y que esta puede resultar un fracaso o una maravilla dependiendo de la capacidad y los recuerdos que hayas ido guardando.

    Una entrada preciosa.

    Saludos.

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  2. Gracias Francisco, los recuerdos buenos son el armazón de nuestra vida, los que no son buenos pueden servir para valorar más a los recuerdos buenos. Un abrazo.

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  3. Conmovedor. Casi he llorado leyendo este hermoso y sensible posteo cargado de amor.Qué bien te entiendo, Javier. Tú perdiste a tu padre siendo niño, yo a mi madre cuando apenas empezaba a ser adulta.Entre los muchos recuerdos de mi infancia con mi madre, a la que yo veía como un hada, están también las acuarelas, unas cerezas dibujadas por ella que yo coloreaba con acuarella mientras ella dibujaba... Me ha encantado este posteo lleno de esa sensibilidad tan humana que tienes. Un abrazo enorme.

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  4. Muchas gracias, amiga Luisa, muchas gracias. Abrazo grande.

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