miércoles, 28 de agosto de 2013

No aprendemos de nuestra historia

Leo un artículo de opinión en El País firmado por Javier Moreno Luzon de fecha 19-08-13 titulado 'Otra vez la regeneración'.

Este catedrático de Historia de la Universidad Complutense de Madrid, acaba de publicar junto a Fernando Martínez López 'Reformismo Liberal. La Institución Libre de Enseñanza y la política española, primer volumen de la Institución Libre de Enseñanza y Francisco Giner de los Ríos: nuevas perspectivas'.

En dicho artículo destaco el siguiente párrafo: "En plena era de la globalización y de la economía del conocimiento, sólo la competencia basada en el saber -no en una mano barata, ignorante y resignada- nos  sacará del marasmo. Otra vez la regeneración, si, pero con cabeza".

Este profesor nos recuerda que la gente vinculada a la Institución Libre de Enseñanza colaboraron en las empresas y sobre todo convencieron de lo esencial que era disponer de una sociedad educada y llena de profesionales internacionalizados. Una vez más el pilar de la Educación era y sigue siendo el fundamento de un Estado que se regenera a la altura de lo que exigen las nuevas tecnologías y distintos saberes totalmente necesarios para crear un gran país que nos respeten en el mundo.
Educación y desarrollo científico son y siguen siendo fundamentales.

Volvemos a escuchar que necesitamos una regeneración, lo mismo que  pasó en la época en que Pío Baroja escribía en 1904 en una novela que retrataba en ella a una zapatería  de Madrid y desafiaba con un cartel que rezaba: " A la regeneración del calzado". Era como decir que en aquella época estaba muy extendida la idea de la regeneración nacional.

Pues bien, en algunas ocasiones he escrito que tengo la sensación de que hemos asestado un golpe muy fuerte a la regeneración y la hemos dejado muerta, inactiva, es más, desde hace muy poco tiempo la regeneración ha sido en sentido inverso; las políticas aplicadas recientemente, nos han
llevado al abismo entre las elites políticas y los ciudadanos, que no nos vemos en absoluto representados por quienes ejercen el poder.

Esto que  está sucediendo lo llamo abismo entre los administrados y los administradores. La corrupción que sigue instalada, no sólo ahora, sino desde hace más de 20 años en nuestra llamada
democracia, hace que este abismó, que siempre ha existido (unas  veces más acentuadas que otras),
sea la consecuencia de la falta de legitimidad ya que las grandes bolsas de corrupción -sean del signo
político que sean-  son las que tienden a culpar a los partidos políticos de los males nacionales. De ahí viene la desafección cívica.

Esto nos lleva a un desprecio por los mecanismos representativos. Y de ahí estamos a un paso de que movimientos como el 15-M y el 25-S, estén haciendo la labor de una cierta regeneración cívica, con
sus manifestaciones y concentraciones, como la que al parecer se está preparando una convocatoria
para manifestarse ante el Palacio Real de Madrid. Recordemos aquella que se  realizó  para rodear al
Congreso de los Diputados.

Lo peligroso de estas concentraciones y manifestaciones es que pueda surgir un 'Salvador de la
Patria', como ya  lo hizo el general Primo de Rivera en 1923 que se envolvió con la bandera de la regeneración patria.

Repasemos la reciente historia y no caigamos en los mismos errores que cayeron entonces.

Regeneración si, pero muy distinta a la de entonces. Lo que  está bastante claro es que nos han
situado en una cuerda floja muy peligrosa.

No soy pesimista, pero costara mucho regenerar la confianza de los ciudadanos en los representantes del Parlamento. No tiremos por la borda todo lo bueno conseguido y no dejemos que nos destruyan más el Estado de Bienestar hasta ahora conseguido. Tenemos que reducir el abismo entre el poder y los administrados

No hagamos que con ese abismo no podamos aprender de nuestra historia.


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