martes, 15 de marzo de 2016

Los mercaderes del odio



No quiero escribir sobre política, se lo comentaba el otro día a un amigo que sé me sigue es estos escritos o reflexiones mías.

Le dije que estoy harto de ver y escuchar a unos charlatanes que se les da muy bien -en principio- escamotear con su oratoria las verdades internas de sus partidos políticos.

Si, ya sé, todos somos políticos y quizás, los que dicen no entender de política, o dicen no querer hablar de ella, sean los más políticos. Los que se dicen que lo son, a mi parecer son sofistas de la política.

Creo, sinceramente, que estas pasadas elecciones del 20 diciembre 2015, han sido una catarsis de lo que venía sucediendo en nuestra España desde la Constitución del 78.

Tenemos que recorrer momentos y escritos de nuestro pasado reciente -antes de la citada Constitución- para entender que, en general, somos un pueblo verdaderamente muy plural, tan plural que cada uno de nosotros somos gobernantes, pero nadie desea que se nos imponga nada, sobre todo cuando, de nuevo, nos toca sacrificarnos en nombre del sistema constituido.

Pero, bien es verdad, que, si no tenemos unas reglas para todos, comunes a cumplir, entonces en cada uno de los integrantes de este país, nos lanzamos contra el otro con odio.

Y el odio es un tentáculo que se hace insoportable cuando se dirige a cada uno de nosotros. Somos incapaces de ver lo bueno de los demás, y entonces descargamos esa furia contenida que tenemos en nuestro yo, y casi siempre decimos cosas que -por respeto al otro-, no deberíamos decir.

Es entonces cuando el mercadeo del odio se hace patente y se desarrolla como una serpiente que se enrosca en una realidad que ya no existe en ese momento.

Es el problema de nuestra idiosincrasia, seguramente, ocurre por esa mezcla de razas, culturas y costumbres, que esta piel de toro ha pasado durante siglos.

¿Por qué no tomar todas las buenas cosas de ese crisol de épocas en las que hemos tenido gente excepcional? 

No son buenos los mercaderes del odio.

4 comentarios:

  1. Como ciudadano, con todas las consecuencias que ello pueda suponer, me levanto de la mesa de negociaciones. ¡Allá los políticos!

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  2. Me gusta el final de tu escrito amigo Javier, supongo que esto requerirá mucho del paso del tiempo, donde nos volvamos mas tolerantes y podamos desterrar el odio, que, por cierto, es muy mal consejero. Algún dia no muy lejano, con el paso del tiempo y la llegada de nuevas generaciones bien formadas, podremos levantar este gran país, aunque me temo que nosotros no llegaremos a verlo.

    Un fuerte abrazo.

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  3. Muchas gracias, amigo Vicente. Creo que estamos en el duro camino del cambio, hacia una mejor forma de ver y sentir de nuestro país. Esperemos verlo aunque sea los inicios.
    Un abrazo

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